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Ciudad del Cabo: naturaleza y emoción en estado puro

overall aerial view of Cape Town

El mejor ejemplo de que Sudáfrica es un lugar privilegiado geográficamente es Ciudad del Cabo. Una preciosa ciudad llena de contrastes donde las calles más bulliciosas conviven con las playas más delicadas y las vistas más inspiradoras.

Nuestra visita debería comenzar alcanzando en un teleférico la increíble Table Mountain, un macizo montañoso de espléndido verdor desde donde se divisa la ciudad bañada por el océano en el infinito. Es aconsejable realizar excursión a primera hora de la mañana y a ser posible en un día despejado, pues según transcurre la jornada las nubes van cubriendo de un manto gris y blanquecino, el asombroso espectáculo.

Ciudad del Cabo ofrece también una experiencia bulliciosa de ciudad cosmopolita y moderna. Pasee por la colorista Long Street, trufada de casas coloniales de originales dibujos o entre a comer o a escuchar música en uno de sus innumerables locales. Podrá comprar aquí o en la zona del Muelle Victoria and Alfred Waaterfront, el antiguo puerto de Ciudad del Cabo, donde las innumerables tiendas harán las delicias de los más curiosos. Aunque para curiosidad es impactante observar las focas entre las aguas del puerto saludando ante el asombro del menos emocionado de los visitantes.  Si lo que quiere es disfrutar del mundo animal en su propio hábitat, acérquese a Duiker Island para observarlas en el despojado manto de la naturaleza y el mar. Lo podrá hacer desde Hout Bay donde podrá amenizar su visita con el atractivo ambiente de este pequeño pueblo pesquero que irradia calma y tranquilidad.

Si prefiere disfrutar de animales más pequeños y juguetones, en Boulders Beach encontrará una colonia de más de 3000 pingüinos, en la arena de esta infinita y blanquísima playa, perfecta para emocionarse o dejar caer el sol.

Ciudad del Cabo le ofrece además la posibilidad de visitar otras preciosas playas como Camp Bay con la vista de Table Mountain y los Doce apóstoles desde su arena, o de acercarse hasta el Cabo de Buena Esperanza y alcanzar el punto más meridional del continente, o de completar su admiración en Kirstenbosch, uno de los jardines botánicos más hermosos del mundo a los pies de su montaña más orgullosa .