Montañas

Los Dolomitas: el orgullo de Italia

Depositphotos_8433658_l

Los Montes Dolomitas son el orgullo de Italia, digamos que la versión estrictamente transalpina de los Alpes, donde sus altas cumbres y valles llenos de verdor se abren hacia el sur propiciando temperaturas más agradables que en sus hermanos austriacos o suizos.

Situados en la región de Trentino-Alto Adigio, recorrerlos es adentrarse en un grupo de bosques y prados salpicados por bivachis, cabañas típicas donde en invierno se atiende a los esquiadores proporcionando guisos contundentes siempre caseros.

Un trayecto muy aconsejable es comenzar nuestro camino en Trento, famoso históricamente por el Concilio de la iglesia católica y que recoge entre sus calles una espléndida catedral románica del siglo XV así como la torre de almenas que sirvió de protección al Concilio del siglo XVI. Los edificios renacentistas de estilo veneciano nos regalan aquí un maravilloso paraje de color y arquitectura sofisticada y elegante.

No muy lejos, es interesante acercarse hasta Cembra, ciudad vinícola en la que los caldos nos regalan un paisaje de cepas constantes escalonadas que se abren al bosque para depararnos un espectáculo de bello paraje natural. En nuestro camino se levantan las llamadas Pirámides de Segonzano, edificaciones informes de piedra que la erosión ha ido generando en la roca y que convierten este lugar en una suerte de paisaje onírico y magnético.

Desde aquí la naturaleza se muestra en todo su esplendor regalándonos la magnificencia de esta cadena de montañas eternas. Atravesamos el Parque Natural de Monte Corno con sus árboles infinitos, que anticipan el Valle de Fiemme donde las casas de estilo austriaco colorean una estampa bucólica y deliciosa. A partir de este punto la carretera se empina para empezar a contemplar las cotas más altas de los Dolomitas, los remontes que nos permitirán gozar del esquí en invierno. Aquí no podemos perdernos el Mirador de Col di Rossi, accesible por funicular o asombrarnos con las cotas nevadas de la Marmolada y el Sassolungo, dos gigantes con los que deleitarnos en esta maravillosa travesía, especialmente apetecible para los amantes de la montaña más auténtica.