¡¡¡Los peques de vacaciones y yo en la oficina!!!

Esto nos pasa todos los años y siempre nos resulta difícil de resolver. Al fin del verano terminamos agotadas de correr del trabajo al cine, parque o cualquier plan que hemos hecho para los niños. Casi vemos como una bendición cuando llega septiembre y comienzan las clases.
Mi propuesta de hoy es: intentemos hacerlo del mejor modo posible, para que no se nos haga tan largo ni a nosotros ni a ellos. Organicemos el desorden normal del merecido descanso de los más pequeños, pero tomando en cuenta algunas cosas.
Algo que me ha dado muy buen resultado, es por supuesto, lo más obvio: el club. La actividad deportiva, el socializar con otros niños de su edad, los divierte, les ocupa el día, y por suerte... los cansa. La elección tiene que ser cuidadosa, no es cosa de dejar los niños en cualquier lado. Combinar con los padres de colegas del colegio o amigos del barrio, nos simplifica incluso, los traslados. Turnarnos para llevarlos y traerlos, nos puede significar que nos toque un día o dos a la semana, en lugar de cinco.
Pero algo que me parece muy importante, es que los padres hoy día tendemos a cometer un error con mucha frecuencia. Les hacemos planes de salidas, visitas, etc. Ellos no tienen nunca la ocasión de aburrirse, no los dejamos. Van de aquí para allá. Pero con eso, les coartamos la posibilidad de que sean creativos, no saben qué hacer si no tienen una actividad prevista. Y es lo peor que les podemos hacer. Nunca se frustran, y cuando les toca... y seguro les sucederá alguna frustración... no sabrán qué hacer.
Mi propuesta es entonces, prever actividad, pero razonable. No correr todo el día impidiendo que tengan que ver que hacen. Dejémosles ser niños..., con todo lo que ello implica.
Imagen: flickr.com
el 07-07-2008


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